La Teología de la Prosperidad
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Estén atentos, porque su Iglesia es una Iglesia en prosperidad, es una gran Iglesia misionera, es una Iglesia grande. Que el diablo no siembre esta cizaña, esta tentación de quitar a los pobres de la estructura profética de la Iglesia, y les convierta en una Iglesia acomodada para acomodados, una Iglesia del bienestar… no digo hasta llegar a la teología de la prosperidad, no, sino de la mediocridad. (Papa Francisco, Corea 2014).
La teología de la prosperidad es una corriente teológica neo-pentecostal evangélica. El núcleo de esta teología es la convicción de que Dios quiere que sus fieles tengan una vida próspera, es decir, que sean económicamente ricos, físicamente sanos e individualmente felices. Este tipo de cristianismo coloca el bienestar del creyente en el centro de la oración y transforma a su Creador en aquel que hace realidad sus pensamientos y deseos.
El peligro de este pensamiento religioso, que pone en el centro al hombre y su bienestar, es el de transformar a Dios en un poder a nuestro servicio, a la Iglesia en un supermercado de la fe y la religión en un fenómeno utilitarista y eminentemente sensacionalista y pragmático.
La teología de la prosperidad cree que la opulencia y el bienestar son el verdadero signo de la predilección divina a conquistar mágicamente con la fe. Esta teología fue difundida en todo el mundo durante décadas gracias a gigantescas campañas mediáticas por movimientos y ministros evangélicos.
En América Latina, la difusión y la propagación de esta teología se dio de manera exponencial desde 1980. Este fenómeno religioso se traduce desde el punto de vista mediático en el uso de la televisión y redes sociales por parte de figuras carismáticas de algunos pastores, que lanzan un mensaje simple y directo montado en torno a un espectáculo de música y de testimonios y a una lectura fundamentalista y pragmática de la Biblia.
Los pilares del evangelio de la prosperidad son sustancialmente dos: el bienestar económico y la salud. Esta acentuación es fruto de una exégesis literal de algunos textos bíblicos. Al Espíritu Santo se lo reduce a un poder al servicio del bienestar individual. Jesucristo ha abandonado su papel de Señor para transformarse en un deudor de cada una de sus palabras. El Padre ha sido reducido a una especie de botones cósmicos (empleado) que se ocupa de las necesidades y de los deseos de sus criaturas.
En definitiva, aquí se habla de un dios concebido a imagen y semejanza de la gente y de su realidad, y no según el modelo bíblico. En algunas sociedades en las que se ha establecido una coincidencia entre la meritocracia y el nivel socioeconómico sin tener en cuenta las enormes diferencias de oportunidades, este evangelio, con su acento en la fe como mérito para ascender en la escala social, resulta injusto y radicalmente antievangélico Cf. Revista Jesuita Civiltá Cattolica, 04.2022.
Analizando esta corriente religiosa, descubrimos que, en definitiva, no se predica el Evangelio de Jesucristo, que nos llama a la conversión y a solidarizarnos con nuestros hermanos, sino que se exalta el bienestar individual, la abundancia y el derroche. Es idolatría del dinero, el placer y el poder. Han olvidado que Jesús proclamó dichosos a los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos.
+ Marcos Pérez Caicedo Arzobispo de Cuenca